Siempre he renegado con la forma de presentar las noticias de los -valga la redundancia- noticieros locales. Siempre son demasiado sensacionalistas o demasiado “desinformativos”. Dentro de todo, hay cierta noticia que suelen exagerar y reproducir en común: cuando un artista peruano “triunfa” en el extranjero.

Hoy, por la mañana, veía en Reportajes -del canál de un impresentable tío de un compañero- la noticia de la “conquista” en tierras del Tío Sam de nuestro amigo Abelardo Gútierrez, concido en el ambiente artístico como Tongo.

Cuando veías al reportaje veías a este huachafo personaje con ropa extranjera, en la ciudad de Nueva York, en un desfile cantando, tomándose fotos con… ¿peruanos residentes allá? Espera, dije… ¿peruanos residentes allá? Sí, así era. Ese es la gran conquista de muchos artistas peruanos: ir al extranjero para tocar ante una colonia peruana desesperada por tener algo de contacto con su tierra natál. OK, no niego que Tongo tenga pegada en ese circuito gracias a su tema “Sufre, peruano, sufre”, pero de ahí a tomarlo como una “conquista” es oooooootra cosa.

Después de todo se me viene a la mente a bandas peruanas que, realmente, conquistan el extranjero, tocan para gente de allá y los aclaman-piden volver como La Ira de Dios en Europa, Futuro Incierto en Chile, Fucking Sombreros en Mexico, Narcosis en Colombia y un laaaaaaaargo etcétera. Sonrío y me siento mal por lo injusto que pueden ser los medios.

Solo tú la sabes. No preguntar por favor. Gracias.

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Y haciendo el ridículo

Héctor, ¿ya hay que estudiar?

Eran casi las 4 de la tarde y yo recién estaba almorzando. Casi rendido al sueño que me vino desde la mañana fueron estas palabras las que me despertaron. ¿Era Diego? ¿Era mi hermano? Me pareció extrañisimo. Si bien ya habíamos quedado -con mi padre- en ayudarlo a repasar matemáticas para su examen del domingo, escuchar que la iniciativa venía de su parte me tomo por total sorpresa.

Lamentablemente no pude complacer su deseo. Mi despertar de extrañesa no pudo con mi cansancio y descansé por media hora. Luego de eso empezaron mis labores de “maestro”. Antes de hoy siempre ayudaba a mis compañeros del salón cuando acababa los ejercicios o cosas así. Mi gran problema es la falta de paciencia. Puede sonar “sobrado” pero me desespera como no pueden entender cuando las cosas están claras y fáciles. Como comentaba el otro día, una cosa es enseñar y otra cosa es “hacerles sus cosas”. Este punto si me parece malísimo y algunas veces he caido en él debido a mi cansancio por tratar de explicar.

Hoy fue diferente en ambos puntos, cuando le enseñaba a mi hermano fui lo más paciente del mundo, sabiendo que su examen está a la vuelta de la esquina y el esfuerzo que ha puesto para llegar hasta estas instancias – él está postulando a la Escuela de Oficiales de la PNP y son múltiples pruebas anteriores a la de conocimientos – así que también quería apoyarlo en lo que podía. En realidad este examen no es tan dificil, cualquier universitario promedio podría resolverlo con facilidad, así que avanzamos todo el tema de aritmética. La estructura para terminar con los temas ya está planteada así que ojalá rinda sus frutos.

Luego de terminar con esto y cuando me disponía a seguir leyendo “El hombre que hablaba de Octavia de Cadiz” llegó Gabriel. Él es el hijastro de un tio que no es mi tio. En realidad es el hijastro del hijo del compadre de mis abuelos maternos, pero al quedarse huérfano fue criado por mis abuelos. Así es prácticamente un hermano de mi mamá y prácticamente mi tío. Como vemos, Gabriel no es nada mío. Pero debido a su carisma, su paso constante por “la casa” y que nos considera su familia se le aprecia también. Gabriel quería que lo ayude con su tarea de matemática y yo pensé que sería así. Lastimosamente la ayuda fue convirtiéndose-como tantas otras veces- en ese “hacerle la tarea” y reaccioné. Le dije que yo podía darle las pautas pero era él quien tenía que hacerlas y, por sobre todo, aprender.

Pensé que todo estaba bien y que había entendido: él seguía en los ejercicios mientras yo revisaba unas cosas. Luego de unos momentos pregunté: ¿cómo te va? y solo atinó a llorar, entre llantos guardó sus cosas y se marchó sin despedirse de nadie. Me sentí mal, no supe que hacer. Patty dice que hize bien, que tiene que aprender y que con sus lágrimas solo quiere apelar a que me sienta mal. Yo no sé que pensar, por una parte tengo la conciencia tranquila… pero, por otra, no me gusta ver llorar a nadie.

Tal vez será porque no me gusta llorar, tal vez porque cuando lloro yo lo hago de verdad, no sé. Dentro de tantos conflictos, la felicidad sigue.

Cuando estaba en mi etapa escolar, los domingos no me gustaban debido a que siempre dejaba para ese día las tareas del colegio. Además la perspectiva de que se acababa el fin de semana no era una cosa que me dé muchos ánimos. Cuando crecí un poco, a este detalle académico se sumaba el hecho de amanecer con la resaca del día anterior. Los que hemos pasado por eso sabemos que no es una experiencia grata. Así que de partida: los domingos no son mi día preferido.

En algunos lugares, como Tacna, se considera a los domingos “para descansar” en casa. Cuando estuve por allá fue un gran choque pues los domingos no abrían ni restaurantes, ni tiendas, ni sitio alguno. En Lima la cosa es diferente: los domingos son usados para salir. En mi caso tienen un poco de cada cual.

Recuerto domingos enteros que he pasado en pijama sentado frente a esta pantalla de la computadora. Esos días frente al monitor venían acompañados de conversaciones en messenger . Quiero que seas mi amigo/ sobre todo los domingos/ que no me gustan recitaba la letra de una canción de El Otro Yo. Parte de esto fue aplicándose en mi vida durante la primavera-verano del 2006 con una persona a la cual le tengo mucho aprecio. Se formó cierta mística, llegando inclusive a gustarme esos domingos. Y digo parte porque estas conversaciones no se realizaban todos los domingos. Actualmente los domingos sigo usándolos para conversar, esta vez considero dentro de las más importantes las que realizo con mi amiga Sheila -una chica feminista y loca según sus propias palabras- ya que “normalmente” solo se conecta los domingos.

Otra cosa que recuerdo de los domingos es estar, al contrario de los anteriores, parado y saltando en el estadio, alentando a la celeste. Llega el domingo voy a ver al campeón / Sporting es mi locuuuura recitaba la letra de una canción de la barra del Sporting Cristal. Parte de esto fue aplicándose en mi vida a lo largo de los últimos años. Se formó parte de mi vida y siempre es felicidad acompañar al equipo, inclusive en la derrota. Y digo parte porque los partidos no siempre se juegan domingo, algunas veces son jugados miércoles o sábados. Actualmente sigo yendo a ver a “los colores”. Hoy, por ejemplo, estoy en mi casa cansado luego de haber ido a alentar a la celeste frente a Alianza Lima. El partido estuvo reñisidísimo y, felizmente, pudimos empatar un partido que casi tuvimos perdido. Un empata con mucha garra que me dejó una sonrisa en el rostro.

Después de leer esto tal vez piensen que mi vida es rutinaria y puede que tengan razón. Pero no tienen razón por completo porque los domingos me han deparado muchas sorpresas. Hoy es domingo, hoy estoy más que feliz. ¿Los domingos son el primer o el último día de la semana? No lo sé, pero espero que esta-o la siguiente según sea el caso- semana sea tan buena como hoy.

Hace poco leí un artículo donde se decía que los monos estaban aprendiendo a usar herramientas. Esto se sabía desde hace mucho, pero nunca se había visto que se desarrolle en su hábitat natural. Ahora, estos científicos británicos pudieron observar el fenómeno. Es preciso destacar que la especie observada fueron los Monos Capuchinos.

Recuerdo que de pequeño alguna vez pensé en tener uno como mascota. La imagen mental que tenía era de verme a mi con mi mono en el hombro -tal vez por eso también pensé en un loro- que me acompañara a todo lugar. Hoy, con el correr del tiempo, ya no me veo en esa imagen; pero me siguen pareciendo animales interesante. Tampoco es para tanto, pero una ligera facinación aún persiste en mi

Juegos como Donkey Kong o Monkey Island; dibujos como Las chicas superpoderosas (por el conocido Mojo ho jo) o Marco (por su mono Amedio); películas como: King Kong o Planeta de los simios; bandas de música como Arctic Monkeys o Tres Monos; podrían ser ejemplo de como estos están presenten no solo en mi sino en la colectividad.

Tanto en el Planeta de los Simios como en Monkey Island (la cuarta para ser más precisa) se piensa en sociedad de ellos con mayor desarrollo. Con la noticia de la primera parte, esto podría ser verdad aunque tenga que pasar muchos años de evolución y nosotros no estemos para vivirlo-contarlo. ¿Quién sabe, no?

Alegría para todos ustedes chicos y chicas. Que bueno que no es imposible ¿verdad?

Héctor Arteaga Garcia